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La señora de la casa

 

Me gusta mi rincón. Me acomodé un espacio en la habitación y cuando nadie más está en ella, disfruto acomodarme y quedarme dormida, dicen que son cosas de la edad.
Cuando me hablan para comer, me desamodorro y como lo que me preparan, que generalmente es lo mismo porque muchas comidas me cae mal y me enfermo del estómago ¡y luego para qué te cuento! me acaban mandando medicamentos y no me gusta tomármelos, ni aunque me traten de obligar diciéndome "es por tu bien". Guácala.
 
Hace un tiempo los muchachos trajeron a un bebé enfermo, y me he dado a la tarea de cuidarlo a ratos cada vez más grandes. Es un buen crío, así que no era difícil de cuidar... hasta hace unos meses.
Ya no está enfermo, pero tiene mucha energía, y a mi edad y con mi temperamento no es tan fácil aceptar jugar todo el tiempo ¡es muy cansado!
 
Mi muchachita me consiente mucho: me abraza y me llena de besos. Me ha contado que le da tristeza no saber nada de mi pasado, pero está formado de cosas que no le puedo contar, y así está mejor.
Ella insiste en que durmamos juntas, y suelo acceder, pero tengo la impresión de que a veces no se da cuenta de que no puede resolverme todo en la vida.
Y aquí estoy, siendo una señora gata a la que buscan darle la mejor calidad de vida posible, y aunque ellos no saben que lo sé, porque no siempre nos entendemos, sí lo sé y me doy cuenta.
 
 

 
 



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